Ahora que leo más y escribo menos, me e dado cuenta que no siempre los escritores más renombrados tuvieron un buen inicio. Entonces, por deducción, digamos que yo con este intento de blog/diario público voy por buen camino. Resulta que en este casi mes ausente, leí dos libros. Uno de Bryce y otro de Fischman. Así en ese orden. Y ambos, en algún momento (si no es que es en todo el libro) te hablan de la (oh! sorpresa) Felicidad. Yo, después de haber investigado exhaustivamente, puedo dar fe de lo siguiente:
La felicidad es un estado anímico, alcanzado y/o causado por cualquier móvil que sea agradable a cada humano.
Osea es algo único, lo que a mi me produce alegría no necesariamente va a tener el mismo efecto en todos. Salvo, que sean las tetas de Larissa Riquelme. No conosco a ningún sólo hombre que no haya sonreido al ver el rebote de ambas cada vez que aquella MODELO? celebraba un gol. Me da asco.En realidad es envidia, creo. Estoy casi segura que ni el 1% de la población sentiría lo mismo por mi si pongo mi celular entre mis pechereques y voy apretujada a algún partido. Y esto que diré a continuación es aún más patético: mis pechos no son lo suficientemente grandes, ni voluminosos como para poder sostener mi nextel. Es triste, lo se. Si alguna vez sentí un pequeño complejo con respecto a mi cuerpo es por ese par de pectorales tabloides que Dios me dió. O que herede. Una de dos. Te pido perdón por 12ava vez en este blog, mamá, pero el dato a revelar es un tanto importante en el análisis de mi situación. Pues, por herencia no creo que sea. Mi mamá fácil y le hace la competencia a Larissa. Yo no había notado eso. Nunca pensé si quiera en estar observándolos. Hasta que en 5to de secundaria tuve mi primer enamorado, quien, la primera vez que vino a mi casa; después de casi 2 meses de relación, mencionó, miró, admiró y recontra que miró eso que mi mamá tenía y yo no. Recuerdo su pregunta tan estúpida: Cuando crezcas.. serán como los de tu mamá? (jaja). Me dio roche, desde ese momento lo odie por dos motivos. Primero por ser tan hueco y, segundo, por mirarle eso a mi mamá y no a mi. Dos días después terminamos. Así fueron las cosas, o así quise que fueran. Después, termine el colegio y era feliz con los tops que me compraban. Azules y negros de preferencia. En la universidad las cosas fueron diferentes. Llevaba mate y lengua con Priscila. Lo peculiar de ella, además de sus mil laceados japoneses y de las zapatillas tan increíbles que tiene, son sus tetas. Si, alguna vez me comentó que tenia problemas con su columna por la dimensión de aquellas. Cosa, claro está, de la que yo, aparentemente, nunca sufriré. Tiempo después conocí a Claudia Maza, quien parece que caminara de espaldas. Fue en mi primer año universitario en el que apele al buen corazón de mi mamá y al "cambio tan drástico del colegio a la universidad" para agarrarla por su lado sentimental y hacer que me compre mi primer sostén con relleno. Así nadie lo note, igual soy feliz. Es como si me sintiera renovada, prominente.
Vieron, les explique todo este rollo para poder ejemplificar eso que puse en negrita y subrayado, para hacerles entender que mis tetas-grandes-por-horas me hacen feliz. En realidad hay un etcétera de cosas que producen que sonría y la sonrisa de burro de Shrek invada mi rostro. Entonces, la felicidad es algo relativo. Esta en cada uno buscar esos "móviles" que hacen de tu día a día algo más ameno...
como leer el blog de ñam.